Una misma realidad puede ser interpretada de muchas maneras. No es la realidad, por tanto, la que genera nuestras emociones, sino la interpretación que hacemos de la misma: nuestro pensamiento condiciona nuestras emociones. La presencia de pensamientos negativos ocasiona distorsiones cognitivas que generan malestar emocional. El primer paso para alcanzar el bienestar es la identificación consciente de los pensamientos concretos que subyacen tras ese malestar.
Aunque no es tarea fácil, dado el carácter automático de los pensamientos, el conocimiento de los mismos es de gran ayuda para poder racionalizar y controlar «las trampas» que la distorsión cognitiva genera.
